Qué son los límites en tiempos posmodernos?

lunes, 22 de febrero de 2010

Paciencia para madres al borde de un ataque de nervios



La maternidad es un es un deseo que se concreta en el momento de la gestación. Para las madres primerizas puede tener diversas reacciones. Independientemente de la edad en la cual nos toque portar un ser en nuestro cuerpo nos transporta desde la manía, o alegría extrema, hasta el miedo o depresión. Todos los estados nos producen diversos efectos y predisposiciones frente a esa pequeña personita que no sabe de nosotras, aún.
Es complejo el hecho de cómo la sociedad influye en la maternidad. Desde niñas crecimos “jugando a ser madres” sin saber que implicancias y qué importancia podría tener en nuestras vidas.
A medida que vamos creciendo la maternidad es como una deuda con nuestros padres, madres y demás. Se va convirtiendo en una postergación rutinaria: primero porque no tenemos una pareja estable y no es el momento, luego estudiamos y no deseamos suspender nuestro deseo de profesionalismo ante un bebé, después porque tenemos pareja pero no tenemos dinero entonces eso se convierte en un obstáculo para concretar el deseo, por último “no hay espacio suficiente”… Es decir, nunca es el momento para ser mamá. En estos tiempos de pos-cólera vivimos a un ritmo que no nos permite la introspección. No le damos lugar a nuestros deseos pero sí a lo que esperan los demás de nosotras.
Desde la tele, las revistas, series, películas nos muestran mujeres sexies, perfectas que aún después de tener un bebé están con medidas 90-60-90. No se prioriza el vínculo y lo espiritual que implica el lazo primario con una personita que es parte nuestra. No, lo que se promociona es cómo no tener panza y tener pechos espectaculares al segundo día del parto.
Qué difícil es ser paciente con un bebé que no sabe hablar y solo llora (como forma primaria de expresión), contra la presión social de que “hay que amamantar”, “es necesario sostener un vínculo afectivo”… pero en unos días preciso volver al trabajo y reincorporarme a una sociedad que ya me ha absorbido.
Luego de 45 días de estar con el bebé y sostener todas las exigencias de estar buenísimas y ser “buenas madres”, debemos volver a trabajar y separarnos de nuestro bebé.
¡Qué quiebre comunicacional!!. Pensar que desde niñas portamos de forma inconciente el deseo de ser madres (aún aquellas que lo niegan), cuando lo logramos y estamos lidiando con la depresión pos-parto y nuestro nuevo cuerpo que no es como el de las modelos de la tele (que al día siguiente al parto están con una cintura de 59 cm), nuestro adorado niño llora por gases, por frío o calor, por hambre, porque desea comunicarse… se vuelva cada vez más demandante, nuestros nervios comienzan a enraizarse y nos convierte (por momentos) en alguien crispada, mal dormida, y al borde de un ataque de nervios. Ni que hablar si no podemos dormir durante toda la noche y a las pocas horas reintegrarnos a nuestros trabajos!!.
Desde los medios nos muestras algo perfecto que no se cumple en ninguna realidad. Lo bueno es tener personas o alguien que nos comprenda y pueda proporcionarnos la paz interior, que por momentos, puede perderse.
Lo importante es distanciarse del mundo real y abocarnos a un pequeño mundo que creamos con nuestro bebé. Comenzar a mirarlo a los ojos, escuchar su llanto, sus gorgojeos, su respiración y sus distintas reacciones nos permite navegar en un ambiente diferente. Crear un mundo propio de dos.

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