Qué son los límites en tiempos posmodernos?

viernes, 30 de abril de 2010

La importancia de los primeros tiempos


La importancia del vínculo temprano inside de tal forma en la maduración y desarrollo físico y emocional del bebé que debemos ser concientes del papel como contención y medio facilitador que tenemos los padres.
El desarrollo del cerebro es sensible a la estimulación ambiental, aún influencia anormales o perjudiciales. Si los estímulos son traumáticos podrían producir la detención, y aún más el deterioro permanente del desarrollo. Cómo estamos mentalmente es importante en el momento del nacimiento. Qué importancia tiene nuestro alrededor en la contención de la mamá en el proceso ulterior al parto. Por ejemplo, la depresión post-parto puede influir de forma negativa en la demanda del bebé ya que no recibe los estímulos positivos para su desarrollo normal.
Las relaciones tempranas que el niño desarrolla con la mamá o con su cuidadora es la fuente principal de experiencia del niño. Y es a partir de esta impronta de vínculo que el bebé comienza a interactuar con el medio. Si proyectamos en el violencia, ansiedad, angustia o miedo de ese modo él reaccionará ante diferentes estímulos y no prodrá desarrollar una "capa protectora" normal.
Los eventos en la primera infancia quedarán impresos en las estructuras cerebrales.
Por ello es de suma importancia que las mamás y la familia se informen, se preparen ante la llegada de un bebé que está aún inmaduro para afrontar nuestros problemas o conflictos.
En el primer año es cuando se produce el mayor desarrollo cerebral.
Cuidemos este período y preservemos la salud mental de un chiquito/a que solo demanda cuidados primarios.

La Salud Mental se aprende


La salud mental se aprende.
El amor traza senderos mágicos,
"nadie nos enseña a ser padres",
pero ustedes aprendieron,
y lo hicieron de sus cuidadores.
Acaso, sin que ellos lo notaran,
tal vez, sin que ustedes lo recuerden,
aprendiendo de sus vicios y de sus virtudes.

El amor a sus hijos
Les enseñan a amar a sus nietos,
entregando la antorcha del vínculo.
La salud mental se comparte.
Cuidemos nuestra salud para poder transmitirla.

lunes, 22 de febrero de 2010

El duro trabajo de ser Barbies


Qué es la anorexia?
Es una enfermedad de trastorno psíquico y nutricional caracterizado por la pérdida contínua de apetito, que puede llevar a la desnutrición e incluso a la muerte.
No consiste en querer parecerse al cuerpo de ls modelos. Es algo más complejos. Una anoréxica lo que busca es la perfección y cree que con la delgadez extrema lo consigue. Se están diagnosticando casos de anorexia en niñas de 9 años. Aunque, hace unos años atrás, la edad más común era entre los 14 y los 18 años.
Las nenas a partir de los 3 o 4 años comienzan a forjar un ideal de belleza basada en Barbies y princesas. Lo que no se les ayuda a aprender es que para ser princesas no es necesario ser delgadas, y aún más anoréxica.
No es el simple hecho de parecer una Barbie, es querer ser perfecta, sin darse cuenta que la anorexia no es la perfección.
La anorexia no es una moda, no es un juego, es una patología.
Socialmente, se ve mal a las niñas "gorditas". No solo desde los medios. Los padres, aún inconscientemente, transmitimos la imagen de niña bonita y delgada.
Para las anoréxicas la comida es la condena, el espejo es la cárcel y hay una total deformación de la imagen. En muchos casos se acompaña de una falta de percepción por parte de los padres de este progresivo cuadro.
El sueño es ser princesas y no son capaces de ver que ya lo son. No se necesita ser flaca, rubia, alta y con ojos claros. Cada niña debe aprender, a través de los padres, familia, escuela, medios que la belleza está en el interior y no colgarse de la ideología superficial que nos venden a diario.
NADIE DIJO QUE FUERA FACIL SER UNA PRINCESA!!!!.

Cuando debemos consultar a un psicólogo?

Cuando nos convertimos en padres y madres vamos aprendiendo día a día formas y estilos. Escuhamos propuestas (ya sea de familiares cercanos, amigos, etc), improvisamos. Pero cuando surgen situaciones que nos desbordan y sentimos que la angustia nos embarga porque no sabemos cómo continuar con "el problema que se nos ha presentado" ese es el momento de buscar un profesional que pueda guiarnos, no hacernos sentir culpa sino acompañarnos en la tarea ardua de ser padres.
Esos problemas pueden ser variados: desde berrinches incontenibles, agresividad, casos de maltrato infantil, enuresis, problemas conyugales hasta problemas físicos en nuestros chiquitos que nos afectan (y lo afecta).
No hay una fórmula para enfrentar solos la problemática. Menos cuando ninguno de nosotros es un súper héroe capaz de sobrellevar una vida laboral, de pareja, social y, en un momento determinado puede estresarnos y hasta angustiarnos ciertas etapas o situaciones.
Los padres, a veces, necesitamos ayuda.
Socialmente se nos ha enseñado a que un adulto tiene que ser fuerte y un hijo se lo puede criar muy fácil. "La pluma con sangre entra", fue una frase que ha perseguido a generaciones y ello nos llevó a forjar la idea de que está mal reprimir. Porque reprimir quiere decir "mano dura", y muy mal empleado está el término. Cuando el guiar a nuestros hijos desde bebés, a partir de rutinas, a partir de establecer hechos esperables es también encauzar su deseo desbordado (y lógico de un bebé).
Es, hasta, inexacto plantear que ir a un psicólogo es porque "se está loco", o la clásica "yo soy mi propio psicólogo", o "nadie puede decirme a mí cómo criar a mi hijo". Recordemos que nuestros hijos aprenden de nuestros ejemplos y es una gran responsabilidad guiar a pequeñas personitas a ser autónimas, felices pero con padres, también, felices y satisfechos por lo brindado.
Si cuando sentimos un síntoma físico vamos a un médico sin dilación, cuando tenemos accesos de angustia o nos sentimos desbordados por qué no acudir a grupos de reflexión de padres o a un profesional?. Solo pensemos en ello. A veces, juntarnos con otros padres que atraviesan situaciones similares nos ayuda a saber que no estamos solos, y sentirnos contenidos es satisfactorio y nos permite fortalecer nuestra alma.

Juego y Creatividad para padres y niños


Terminé de pintar la casa de Barbie de mi hija. Mientras lo hacía pensaba que no habría otra oportunidad, que gracias a ella y mi otro bebé, de revivir esa parte de mi infancia.
A medida que vamos creciendo vamos reprimiendo la espontaneidad y la creatividad (o genialidad) infantiles. Nos vamos estructurando de acuerdo a lo esperado socialmente pero la contra es que perdemos percepciones creativas frente a los problemas. Veamos en los niños; frente a un conflicto tienen una salida creativa con la cual eliminan el elemento perturbador. Por ejemplo, junto a mi hijo más pequeño estábamos viendo el noticiero y exhibían información sobre un asalto con armas. Ante a ello él dice: “no se deben usar armas de verdad, no se puede matar gente solo hay que usar la pistola de agua”. Es decir, frente a algo que resultaba complejo, violento (y conflictivo), lo resolvió asociando elementos de su mundo cotidiano, de ese modo contrarrestaba lo problemático de lo presentado.
Cuando somos adultos eliminamos de nuestra estructura estas ilaciones creativas y solo buscamos respuestas “coherentes” para las diversas dificultades que enfrentamos así permitimos cercenar las posibilidades de resolución. Ahí comprobamos que somos “vuelteros” y complicados, y solo porque nos fueron limando las posibilidades geniales y espontáneas de nuestra niñez. Aún más, nos vamos alejando intelectualmente y actitudinalmente de los bebés y nenes. “Cosas de niños” es una etiqueta que le ponemos a todo los sin sentido, y para algunos tonto e incomprensible, inmaduro.
La idea positiva ante esto es romper esa coraza que nos convierte en adultos para percibir el mundo desde otras perspectivas, lograr que aún posibilidades locas puedan ayudarnos a afrontar temas cotidianos. Por lo menos, unos minutos por día.
Se dirán, cuánto tiempo hay que dedicarles a los chicos después de un día de trabajo?. Yo creo que el suficiente para verlo reír. Cada etapa es única e irrepetible y lo que nos perdemos de ellos no lo podemos volver a ver y disfrutar.
Volver a jugar es parte de nuestra posibilidad de apertura mental. Cuando niños jugábamos a se mayores, pero cuando llegamos a esa instancia rechazamos todo lo referido a actos infantiles. Los llenamos de juguetes a los que no les dan importancia como cuando les dedicamos atención, y algunos momentos de recreación. Revolcarnos, jugar al circo, bailar diferentes melodías, pintar juntos, jugar a la mancha, y a las muñecas o autitos juntos no es más que ayudarlo a crear un espacio mental de creatividad y salud emocional (y física). Compartiendo juegos con nuestros hijos permitimos aumentar la confianza en nosotros, su sistema autoinmune se incrementa porque a través de la risa y la diversión hay un incremento de endorfinas.
A través del juego canalizan miedos, dudas, angustias, fantasías, comunican su mundo interno, permite elaborar situaciones que no puede manifestar con palabras. Lo podemos experimentar de forma cotidiana. Por ejemplo, cuando jugamos al cambio de roles: mi hija mayor era la mamá, mi nene menor el bebé y yo era mi hija, la forma en que me trataba (como mamá) me permitió ver qué percepción tenía de mi persona y rol. Fue muy fructífero ver cómo cada uno representaba a alguien que tenía base real pero a través de este juego cada uno mostraba elementos que trascendían las palabras porque podíamos mostrar conductas, posturas, palabras, etc.
Conocernos y conocer a nuestros hijos a través del juego es una experiencia enriquecedora. Es por este medio que podemos enseñar valores, cultura o compartir ambas infancias (la nuestra, muuuuuuuuuuuy escondida y reprimida) y la de nuestros niños que, por momentos, desbordada nos muestra un mundo espontáneo y creativo, inocente pero genial.

Paciencia para madres al borde de un ataque de nervios



La maternidad es un es un deseo que se concreta en el momento de la gestación. Para las madres primerizas puede tener diversas reacciones. Independientemente de la edad en la cual nos toque portar un ser en nuestro cuerpo nos transporta desde la manía, o alegría extrema, hasta el miedo o depresión. Todos los estados nos producen diversos efectos y predisposiciones frente a esa pequeña personita que no sabe de nosotras, aún.
Es complejo el hecho de cómo la sociedad influye en la maternidad. Desde niñas crecimos “jugando a ser madres” sin saber que implicancias y qué importancia podría tener en nuestras vidas.
A medida que vamos creciendo la maternidad es como una deuda con nuestros padres, madres y demás. Se va convirtiendo en una postergación rutinaria: primero porque no tenemos una pareja estable y no es el momento, luego estudiamos y no deseamos suspender nuestro deseo de profesionalismo ante un bebé, después porque tenemos pareja pero no tenemos dinero entonces eso se convierte en un obstáculo para concretar el deseo, por último “no hay espacio suficiente”… Es decir, nunca es el momento para ser mamá. En estos tiempos de pos-cólera vivimos a un ritmo que no nos permite la introspección. No le damos lugar a nuestros deseos pero sí a lo que esperan los demás de nosotras.
Desde la tele, las revistas, series, películas nos muestran mujeres sexies, perfectas que aún después de tener un bebé están con medidas 90-60-90. No se prioriza el vínculo y lo espiritual que implica el lazo primario con una personita que es parte nuestra. No, lo que se promociona es cómo no tener panza y tener pechos espectaculares al segundo día del parto.
Qué difícil es ser paciente con un bebé que no sabe hablar y solo llora (como forma primaria de expresión), contra la presión social de que “hay que amamantar”, “es necesario sostener un vínculo afectivo”… pero en unos días preciso volver al trabajo y reincorporarme a una sociedad que ya me ha absorbido.
Luego de 45 días de estar con el bebé y sostener todas las exigencias de estar buenísimas y ser “buenas madres”, debemos volver a trabajar y separarnos de nuestro bebé.
¡Qué quiebre comunicacional!!. Pensar que desde niñas portamos de forma inconciente el deseo de ser madres (aún aquellas que lo niegan), cuando lo logramos y estamos lidiando con la depresión pos-parto y nuestro nuevo cuerpo que no es como el de las modelos de la tele (que al día siguiente al parto están con una cintura de 59 cm), nuestro adorado niño llora por gases, por frío o calor, por hambre, porque desea comunicarse… se vuelva cada vez más demandante, nuestros nervios comienzan a enraizarse y nos convierte (por momentos) en alguien crispada, mal dormida, y al borde de un ataque de nervios. Ni que hablar si no podemos dormir durante toda la noche y a las pocas horas reintegrarnos a nuestros trabajos!!.
Desde los medios nos muestras algo perfecto que no se cumple en ninguna realidad. Lo bueno es tener personas o alguien que nos comprenda y pueda proporcionarnos la paz interior, que por momentos, puede perderse.
Lo importante es distanciarse del mundo real y abocarnos a un pequeño mundo que creamos con nuestro bebé. Comenzar a mirarlo a los ojos, escuchar su llanto, sus gorgojeos, su respiración y sus distintas reacciones nos permite navegar en un ambiente diferente. Crear un mundo propio de dos.